
No es estar triste. Es que se apagó el interruptor de las ganas y no sabes dónde está.
No es una prueba ni sirve para etiquetar nada. Es una forma de ordenar lo que traes.
Lo primero no es animarse: es dejar de pelear con uno mismo por no poder.
Trabajamos con pasos muy pequeños, porque los grandes ahora mismo no se sostienen.
Debajo del apagón casi siempre hay una pérdida, un enfado guardado o una vida que no encaja.
No hacen falta motivos visibles. Que no sepas explicarlo no lo hace menos real.
Si hay síntomas físicos o llevas mucho tiempo así, sí: conviene descartar causas médicas. Una cosa no quita la otra.
Es parte de lo que ocurre. Empezamos por lo que sí puedas sostener, aunque sea poco.
Escríbenos y te contamos cómo empezar, sin compromiso de continuar.