Autoexigencia y perfeccionismo
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Autoexigencia y perfeccionismo

Rendir siempre tiene un precio. Y normalmente lo paga el cuerpo antes que la cabeza.

¿Te suena esto?

Marca lo que reconozcas.

No es una prueba ni sirve para etiquetar nada. Es una forma de ordenar lo que traes.

Cómo trabajamos

Tres pasos, sin prisa.

  1. 01

    Nombrar el listón

    Ponemos palabras a la exigencia concreta que te mide, que casi nunca es la que dices en voz alta.

  2. 02

    Buscar para qué sirve

    La exigencia protege de algo: del rechazo, del vacío, de una historia anterior. Hay que verlo para poder soltarlo.

  3. 03

    Bajar el listón sin culpa

    Ensayamos hacer las cosas suficientemente bien y sostener la incomodidad que eso da al principio.

Preguntas

Dudas frecuentes.

¿No perderé mi motivación?

Es el miedo más frecuente. Lo que suele ocurrir es lo contrario: sin el látigo, aparece un motor más sostenible.

¿Esto es lo mismo que el síndrome del impostor?

Están emparentados. El impostor es una de las formas que toma la autoexigencia cuando llega el reconocimiento.

¿Hace falta que esté muy mal para venir?

No. De hecho es más fácil trabajar antes de llegar al agotamiento.

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